// 16.03.2017 - 15.05.2017 / Sala EL CUB

PHOTOGRAPHICA OVIDIANA.
TOMIS 2011 – SULMONA 2015

Joaquín Bérchez


Las obras de Publio Ovidio Nasón (Sulmona, 43 a. C. – Tomis, 17 d. C.), sobre todo sus Metamorfosis, destilan una excepcional plasticidad que ha servido de cantera a plumas, pinceles y cinceles de todas las épocas y lugares. No han tenido la misma fortuna las obras del destierro, las que en teoría compuso desde Tomis, la actual Constanza, en la costa del mar Negro, a lo largo de sus últimos diez años de vida, las cuales apenas han contado con recreaciones, y menos desde el ámbito de la fotografía.

Las más de cincuenta fotografías que componen esta exposición y vídeo persiguen recrear, desde la ficción fotográfica, el paisaje emocional del destierro de Ovidio. Surge en ellas la magnitud topográfica de su leyenda poética, como es la de los escenarios vividos en torno a las estatuas o placas de calles y plazas conmemorativas de su persona. Pero afloran también en esta Photographica Ovidiana aquellos lugares impregnados por ese rumor invisible ovidiano evocado ya en el siglo XIX por Aleksandr Pushkin. Inmersos en este ánimo admiramos la suavidad del recuerdo reclamada por Ovidio tanto en los campos de trigo y girasoles de la región de la Dobruja, el puerto al mar Negro —el Ponto Euxino— o el delta del río Danubio —Istrio—, como en los sedimentos clásicos de frisos y lápidas griegas en Histria, o de anclas, ánforas y mosaicos romanos de Constanza.

En este singular juego de espejos emerge Sulmona —su patria—, invocada desde el infortunio de la soledad en lejanas tierras de frontera. Al igual que la Constanza del destierro, la ciudad natalicia de Ovidio abunda en logros artísticos, como su libresca estatua, del año 1474, o la réplica de la estatua de Ettore Ferrari en Constanza, erigida en la Piazza XX Settembre. Y, abrigando el anhelo de posteridad sin límites para su escritura poética que suscitan estas estatuas, la fotografía de Joaquín Bérchez nos trae a la vista el sinfín de jubilosos usos cotidianos, tocados por una azarosa antigüedad sin tiempo y prodigados en placas urbanas, escaparates, maquetas artesanales, peladillas o licores locales.

Proyecto de Esteban Bérchez Castaño y Joaquín Bérchez

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